Notas, actitud, calificaciones, exámenes, pruebas... Estas y muchas otras palabras son las que frecuentemente nos vienen a
la cabeza cuando pensamos en evaluación. Durante estos años he ido aprendiendo
que la evaluación es más que palabras sueltas, va más allá de el simple acto de
poner las notas o determinar si alguien aprueba o no.
La evaluación es un proceso ligado a la calidad que tiene un
papel esencial para la mejora del aprendizaje de una persona. Toda evaluación
tiene un finalidad optimizante. No se evalúa solamente para conocer los
resultados, lo que se pretende sobretodo, el objetivo último, es conocer los
resultados para mejorar lo que se evalúa.
Por ejemplo si quisiéramos evaluar el aprendizaje de una
clase que han aprendido el tema
del ciclo del agua, podríamos proponer unas actividades de evaluación
relacionadas con los objetivos propuestos.
Pare eso plantearíamos evolución conceptual, procedimental y
actitudinal.
Podríamos preguntar algunas preguntas que propongo:
- ¿Qué es el ciclo del agua? ¿Cuáles son sus fases?
- ¿Cuáles son las propiedades del agua?
- ¿Qué harías para ahorrar agua en tu casa?
- Que realice
un experimento con el agua, previamente aprendido en clase.
Lo que tenemos que conseguir al evaluar es que se integre el
contenido aprendido y que éste se pueda aplicar a situaciones reales, para eso
planteamos preguntas desde el ámbito conceptual, procedimental y actitudinal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario